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Colegio campestre cerca de CDMX: qué es y cuál hay

Qué es un colegio campestre, qué se hace en uno y en qué se distingue de una escuela con jardín. A 15 minutos de Interlomas, en Huixquilucan.

Qué es un colegio campestre, y qué no es

En México se le llama colegio campestre a la escuela que está fuera de la mancha urbana y cuyo terreno es, en buena parte, campo: árboles, tierra, huerto, animales a veces. No es lo mismo que un colegio con jardín. La diferencia no está en los metros: está en cuánto del día ocurre afuera y en si el terreno se usa para algo o solo se mira. Tampoco es un internado ni una escuela rural. La mayoría de los colegios campestres cerca de la Ciudad de México reciben cada mañana a familias que viven en la ciudad y que hacen el traslado a propósito, porque quieren que su hijo pase el día en otro sitio. Y no es una pedagogía. «Campestre» describe dónde está la escuela, no cómo enseña. Hay colegios campestres tradicionales, bilingües, Montessori y Waldorf. Conviene separar las dos preguntas: dónde quiero que pase el día, y cómo quiero que aprenda.

Qué cambia en el día de un niño

Lo primero que cambia es el recreo. En un patio de cemento el juego se agota rápido y se vuelve competencia; en un terreno con desniveles, árboles y tierra, el juego se sostiene solo durante toda la hora y se organiza entre los niños sin que un adulto lo dirija. Lo segundo es que el clima entra al día. Llueve y se sale igual, con bota y con impermeable; hace frío y se camina. Eso, que suena menor, es la mitad de lo que enseña un colegio campestre: que el cuerpo aguanta, que la ropa se elige, que un plan se cambia. Lo tercero es el trabajo con las manos. Huerto, cocina, madera, telar. No son talleres sueltos de viernes: son parte de la semana, y en las escuelas que lo hacen bien están conectados con lo que se estudia en el salón. Y hay una cosa que no cambia: el programa. Un colegio campestre incorporado a la SEP cubre el mismo plan de estudios que cualquier otro. Lo que cambia es dónde y cómo se cubre.

Cómo se llega, y cuánto se tarda de verdad

Es la pregunta que decide. Un colegio campestre está fuera de la ciudad por definición, así que el traslado no es un detalle: es una decisión que la familia va a repetir dos veces al día durante años. Nuestra recomendación es que no acepte un tiempo aproximado de nadie, ni el nuestro. Haga el camino un día de clases, a la hora de entrada, desde su casa. Un trayecto que en domingo toma veinte minutos puede tomar cincuenta un martes a las siete y media. Elhilar está en Huixquilucan, Estado de México. Desde Interlomas se llega por la avenida Jesús del Monte. Desde Santa Fe, por Vasco de Quiroga y la carretera México-Toluca. Desde Naucalpan y Satélite, por el Periférico. Pregunte también si hay transporte escolar, cuánto cuesta, qué rutas cubre y si hay familias de su zona que compartan coche. En una escuela pequeña eso se resuelve hablando.

Qué preguntar en la visita

Cuántos niños hay por grupo, y cuál es el tope. En un colegio campestre el terreno grande puede esconder grupos grandes: son dos cosas distintas. Cuánto del día ocurre afuera, en minutos, un día de lluvia. La respuesta honesta es una cifra, no un adjetivo. Quién cuida el terreno y qué hacen los niños en él. Si el huerto lo mantiene un jardinero y los niños solo lo visitan, el terreno es paisaje. Qué pasa con la tecnología. Muchos colegios campestres no tienen pantallas en el aula, y conviene saber desde qué edad se introducen y para qué. Y la incorporación a la SEP, con el número de acuerdo. Es un dato público y verificable, y una escuela seria lo da sin que se lo pidan dos veces.

Elhilar, en Huixquilucan

Somos una escuela Waldorf de maternal a secundaria, en un campus de bosque en Huixquilucan, a quince minutos de Interlomas. Abrimos en 2017 y desde entonces no hay pantallas en el aula. Los grupos son de máximo dieciocho niños y el mismo maestro acompaña al grupo varios años, no uno. Buena parte de la semana ocurre afuera: huerto, cocina, madera, música y caminatas. El campus mide 11,000 m², rodeado de bosque y del río. Las visitas son con clases en curso, un martes por la mañana, y las hace una maestra. No enseñamos un salón vacío: se ve la escuela funcionando, con los niños dentro.

Elhilar, en Huixquilucan

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